¿Por qué se olvida lo Inolvidable?

 

Los recuerdos que para cada cual fueron dolorosos… se mantienen. Además, se entretienen y se cultivan. En cambio, los recuerdos gozosos se diluyen, se marchitan, se olvidan.

Y así, así se establecen relaciones entre las comunidades, personas y seres de humanidad, en donde lo que más permanece es lo doliente, lo frustrante, lo incómodo. Y bajo esa premisa se establece una comunicación que, salvo excepciones, sólo puede dar dificultades, incomodidades…; porque se van a encontrar –fíjense bien- se van a encontrar recuerdos y referencias de desagrado, con otras que también lo son. ¡Casi van a competir! En el fondo se muestran como buscando alivio, consuelo. ¡Pero para dar el alivio y el consuelo!... habría que haber cultivado los momentos gozosos, alegres, excepcionales, diferentes…

Y resulta que se han olvidado. Y resulta que se han diluido.

Y es así como los seres tienden a compartir sus penas y dolores, sus tragedias y sus dramas; pero, poco, cada vez menos, sus disfrutes y sus gozos, ¡que pronto se olvidan!: en una semana, ¡en dos semanas!…

El Sentido Orante no se sitúa en la alerta de esa disposición, que sucede así –“que sucede así”- por la permanente competencia que establecen los seres para liderar una relación. ¡Sí! Se establece una competencia para ver quién domina, quién controla, quién manda, quién maneja, quién manipula… Y en esa contienda, claro, ocurren sucesos incómodos, desagradables… que son los que se recuerdan. Los gratos y agradables, como no se sabe muy bien de qué protagonista son, se diluyen, se olvidan. Y es así como prevalece lo incómodo, lo negativo, lo desagradable, con una nitidez realmente sorprendente.

Resulta que nuestro modelo, tanto biológico como –permitamos la palabra- “espiritual”, está con dotación para una misión, para una realización que trae compostura, sonrisa, arreglo, alegría, salud, ¡ánimo!...

¿¡Ánimo!?... ¡Ah, sí! ¡De alma!

Pero sucede que, aunque el alma lo pensara –aunque el alma lo pensara-, sucede que no era tan fácil, a pesar de la dotación, realizar la misión. Y aparecen competidores, competencias, desacuerdos… y las misiones se quedan a medias. Con lo cual –con lo cual- cada ser queda frustrado, porque no ha podido –o no puede habitualmente- mostrar, ejercitar y desarrollar su cometido, porque ya alguien hay que… ha competido.

¿Y cómo decirse unos a otros: “No, mira, yo vine para esto”. ”No, a mí me trajeron para esto otro”. “Tú ocúpate de lo tuyo y yo me ocuparé de lo mío, y tendremos un nexo común”…?

¡Difícil!…

Porque desde el principio –¡quién sabe a qué se llama principio!-, pero digamos que en la manifestación que acordemos como historia “posible”, el sapiens empezó a competir, con sus sapiencias; a imponer sus creencias. Y claro, el que era sometido, ¿qué iba a recordar? El sometimiento, las mofas, los castigos, los racismos… Eso, ¡claro!

Como se ve ahora en el mundo contemporáneo. ¿Qué se recuerda? ¿¡Qué, qué se recuerda!? Hoy es el día de la tuberculosis, mañana es el día del cáncer, pasado es el día de la bomba cual o tal… ¿Qué se recuerda? Tal atentado, tal terremoto, tal…

Qué pocas efemérides de… “Y tal día como hoy, en el 1857, se celebró un gran baile en Kentucky, donde acudieron pelirrojos, rubias, morenos… –bueno, morenos pocos-, y bebieron, cantaron, se fueron a la foresta y… ‘forestaron’… Y fue un día “feliz”, de esos que se llaman. ¡Feliz!”.

.- ¿Eso cuándo ocurrió?

.- En 1854. Bueno, o si prefiere, en 1727.

Podría existir, ¿no?

Podríamos por ejemplo poner y recordar: “Y tal día como ayer, 25 de mayo, nos cenamos un mole estupendo al estilo griego-neoyorkino-mejicano. Bueno, ¡estupendo! Fue en el 2017, ¡en mayo! ¡Y comieron! ¡¡Y comieron!!, ¿eh? Y hablaron, y se rieron… y ¡ya! Ya. Pero vamos a recordarlo. Fue un momento grato, agradable”.

Pero normalmente eso no ocurre, sino que recordamos perfectamente el día que vino la inspección a ver…; el día que llegaron los de la cerveza y dijeron…; el día en que el helicóptero, el avión hizo la foto y dijo que teníamos la calva mal puesta; el día que…

.- ¡Dios! ¿“La calva mal puesta”?...

.- ¡Sí! ¡Estamos permanentemente espiados, controlados, vigilados!… por unos o por otros, por los cercanos o por los lejanos.

Fíjense en las relaciones afectivas: cuando se diluyen o se rompen o se espantan… y se pregunta: “Bueno, ¿y qué pasó?”. ¡Buuufff! ¡Aparece una cantidad de quejas!...

.- Pero ustedes estuvieron…

.- Sí, pero…

.- Pero ¿ni un día así… “chapeau”?

.- ¿Qué es “chapeau”?

.- Nada. Déjelo... De salud. O sea, saludable.

.- No, pues… el caso es que…

 

No se recuerda. Puede más… puede más la hegemonía de competir y de demostrarse a sí mismo, a los demás… que el criterio propio es el adecuado, y los otros están equivocados… o son malévolos o inadecuados.

¡Ay!, ¡qué poco recuerdo de lo que nos aman!

¡Ay!, ¡qué poco recuerdo de los adornos con los que nos crearon!

¡Ay!, ¡qué poco agradecimiento a las oportunidades que nos ofrendaron!

¡Ay!, ¡qué poca valía se les da a las regalías en las que la vida providencial nos pone! Y que se apartan o se desechan porque la egolatría personal… es más importante; se ha hecho preponderante.

¡Ay!, ¡qué pocos recuerdos… de los sueños y fantasías, y qué muchos recuerdos de los castigos, de los peligros, de los cuidados, de las ofensas!…

Y así, unos a otros se van desechando. Y a este se le desecha por la edad, y a este se le desecha por su petulancia, y a este se le desecha por su vanidad… Y cada cual va desechando a unos humanos y a otros, y a ellos mismos los van desechando. Pero cada cual, en su desecho, no se da cuenta de que también es desechado.

¡Ay! ¡Terrible memoria! Qué mal manejo se hace!...

¡Sí! ¡Qué bien, qué bien se recuerda –¿verdad?- la Pasión y Muerte del Kristo!... ¡Ay, qué bien se recuerda! ¡Con qué detalle se ve cada golpe y cada clavo! Por ejemplo.

¡Y qué mal se recuerda qué nebulosa extraña hay en la Resurrección! ¡Qué corto resulta el relato!

¡Ay! ¡Qué bien se recuerda el Apocalipsis!… donde todo será fuego, terror, ¡y cuánta vigencia tienen Sodoma y Gomorra, con las lluvias de azufre y fuego! ¡Qué bien se recuerdan!...

¡Qué bien se recuerda “El árbol de la ciencia del bien y del mal”, en el que Eva le dio a comer a Adán, y la quijada… la quijada de Caín, del burro de Caín, que mató a Abel! ¡Eso se recuerda perfectamente!

.- Pero ¿y los días del Paraíso? ¿No hubo días de Paraíso?

.- Sí. Si dicen que vivían paradisíacamente, pero… no están descritos, oiga. No. Es material reservado. Es materia reservada. La ley dice que hasta dentro de… no se sabe cuántos años, no se podrá consultar.

Esa selectiva memoria de dolores, de ‘sufrires’ personales como consecuencia de la competencia de mandos… en las relaciones, debería replantearse. Al menos, hacer un esfuerzo –es la sugerencia orante- para tener presente algún… algún momento –bueno, y si son “momentos”, mejor-… ¡grato!, ¡divertido!, ¡inolvidable!

Quizás es pedir mucho, pero…

¿Por qué… por qué se olvida lo inolvidable? ¿Por qué deja de tener presencia… insistencia, calidad?

Cada ser que pobló este Universo… es inolvidable para la Creación.

Cada ser que se encarnó en esta realidad, ¡es inolvidable para la Existencia!

Cada ser que permanece ahora, ¡es imprescindible para la Vida!

¡Inolvidable!...

¡Por su valor! ¡Por su origen… creado, creador, divino! ¡Por su equivalente amoroso… que le ha traído!

Pero cierto es que, luego, ¡sólo se recuerda a los héroes, a los que impusieron, a los que ganaron, a los que alcanzaron!... Un puñado. Un puñado nada más. ¡Los demás!… –el que fregaba, el que limpiaba, el que conducía, el que cantaba, el que labraba, el que estudiaba-… ¡escoria!

¡Oh, sí, sí! ¡Claro, claro! El que más o el que menos recuerda a la tata que tenía; quizás… quizás recuerda un poco… a aquel primo o a aquella… “No, no recuerdo bien”.

.- Y de todos los franceses, ¿a quién recuerda usted?

.- A Charles De Gaulle, évidement.

.- ¿De cuántas muertes fue responsable?

.- ¡Ah! Era la resistencia, ¡alors! ¡C’est normal!

.- ¡Ah, claro! ¡Claro, claro! Es normal. Si resistes, mata. ¡Claro!

.- Pétain era un traidor…

.- ¡Claro!

.- No se sabe si mato a algún alemán. Seguramente no.

Y, siempre, las interpretaciones surgen en torno a la evidencia de “el culto del poderoso”; que luego irá perdiendo… –¡por supuesto!- irá perdiendo importancia, pero… lentamente: cuando se encuentre un sustituto, pasará… al olvido.

Y, así, cada país recuerda su gesta gloriosa en la batalla de tal, en la batalla de cual… en el desembarco de aquí, en el desembarco de allá… Todos los anónimos que  salieron corriendo y disparando, y morían sobre la carrera… ¡bueno!: “carne de cañón”.

El Sentido Orante nos recuerda lo inolvidablemente providencial que cada cual ha vivido.

¡Que se ponga en presente!, ¡que se ponga en activo!... eso inolvidable, bondadoso, alegre, gozoso, ¡divertido!...; que se identifica con el hacer genuino de cada uno; que se identifica con la capacidad y los talentos que tiene cada ser… y que debe ofrecer en su ejercicio de vida.

(Silencio)

Que este silencio se haga “urdimbre”: la base; la tierra… la tierra dispuesta a acoger la semilla de cada uno, en su misión bondadosa, en su misión enamorada.

Que no se interfiera lo incómodo, lo inadecuado, lo conflictivo… que se vaya a encontrar… por el afán de liderar.

¡Que se recuerde bien esa contienda!, para que los frutos sean bondadosos, generosos, abundantes…

Hay suficientes demandas de auxilio… como para quedarse en el olvido del servicio… y en el recuerdo permanente de la ofensa.

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